La ADP y yo… Un “nosotros” duradero

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Yvelisse Prats Ramírez de Pérez
yvepra@hotmail.com

En el relato de mi vida, la Asociación Dominicana de Profesores, ADP, ocupa muchos capítulos, todos hilvanados en un argumento que da coherencia a la obra.

Me inicié en el magisterio muy joven, tenía apenas 20 años en 1951. La “Era de Trujillo” en su pleno apogeo, ni se hablaba de sindicatos.

Yo sí había escuchado que existían. Mi papá de joven sue socialista, me entusiasmó hablando de la importancia de la unión de la clase obrera.

Como soy, por naturaleza, gregaria, y luchadora, me inscribí en el primer intento de sindicalizar a los maestros: Fenama, en 1961, y ya luego, en la Asociación de Maestros del Distrito, desprendimiento de la primera, por diferencias políticas.

Por participar en el derrocamiento de Bosch, Fenama empezó a declinar. A quienes habíamos apoyado al gobierno constitucional de Bosch desde la Asociación de Maestros del Distrito, se nos canceló, fui de los primeros, se nos persiguió. Darío Solano, nuestro presidente, se fue al exilio.

En los próximos años, una capa pesada, mezcla de desencanto, de apatía, de entrega, cayó sobre los maestros. Después de la Revolución de Abril, Balaguer se instaló en el poder, iniciándose aquellos doce años terribles.

Un presidente que había sido maestro y Ministro de Educación se ensañó contra nosotros, nos calificó de analfabetos, aves de paso, concluyó cerrando las escuelas y ocupando la UASD.

Entonces, la indignación que es madre de las decisiones heroicas, nos congregó de nuevo, no solo como maestros, sino como ciudadanos.

Cuando por los asesinatos políticos, por las prisiones, por las continuas violaciones a los derechos humanos y a nuestra dignidad de educadores, nos fuimos convocando, encontrándonos: profesores de los planteles públicos y de los colegios privados, de la capital y de provincias, de todos los niveles, desde la primaria hasta el superior, y fundamos la ADP.

Fue una mañana gloriosa, esa del 13 de abril de 1970, cuando entramos al teatro agua y luz, entre dos filas de militares con fusiles, con banderitas rojas en las manos.

No sé los otros, Enrique De León, Milagros Pineda, Héctor Jiménez, los cientos más que conmigo recorrieron el peligroso pasillo que cruzábamos. Yo sí tuve miedo. ¡Pero me sentí tan bien mientras me apretaba el pecho ese temor, y yo seguía avanzando!

En esa reunión solemne fui elegida presidenta de la ADP. Esa es una de las honras que no olvidaré nunca.

De ahí en adelante, los adepeístas nos hicimos sentir. Hubo huelgas, manifestaciones, logros, también mucha represión. ADP creció, pero la división se anidó en ella y estremeció nuestras estructuras.

A mí me costó la pérdida de mi cargo como presidenta, acosada entre dos fuegos, la orden de don Juan de renunciar a la ADP (nunca olvidó que Fenama participara en su derrocamiento) y los compañeros de partidos radicales de izquierda que aspiraban el control total del sindicato.

Me fui, no de la ADP, sino de mi cargo. Creo que me expulsaron, aunque Rafael Santos en su obra “30 años de sindicalismo magisterial en República Dominicana”, dice que yo renuncié.

Continué asistiendo, pese a las críticas y a los intentos de ofensa, asistiendo a las manifestaciones de la ADP.

Hay un capitulo, particular, entrañable en este relato. Un periodista visité para entrevistarme sobre ADP, en los días agitados de su fundación.

Su nombre: Mario Emilio Pérez. Nos casamos unos meses después. 48 años de matrimonio, un hijo en común dan testimonio de que ADP fue buena casamentera, proporcionándome un compañero leal en las malas y en las buenas.

Era mi sindicato, lo ha seguido siendo, fue como adepeísta que en alianza con el presidente del gremio de entonces creé el Seguro Médico para Maestros, SEMMA.

Cuando me preguntan cuál es la cosa más importante que he hecho, respondo sin vacilar ¡el SEMMA!

Y esa cosa importante la pensé, la logré, porque salió de corazón de adepeísta.

Ahora, me siento feliz en mi adepeísmo por el triunfo de Xiomara. Porque ganó en buena lid, porque es una adepeísta probada, porque es una compañera de partido que espero sabrá cumplir sus respectivas funciones con acierto, tanto en nuestro partido como en el sindicato.

Porque me hizo ser valiente, aun con miedo. Porque escribí junto a Jesús De la Rosa y Jacobo Moquete el primer escalafón magisterial. Porque fundé el Seguro Médico, la mayor conquista social del magisterio. Porque fui ministra sin tener que enfrentar una sola huelga, en el diálogo permanente que mantuve con la ADP, no solo como funcionaria sino como compañera.

Vale la pena vivir, y luchar, y contarlo. Por todo eso y por Mario Emilio, siento y proclamo que la ADP y yo, somos un “nosotros” duradero.

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