Los Tres Brazos y “una” mano

0
206

Por Guido Gómez Mazara

El proceso de degradación de la actividad partidaria provoca un estado de excepción entre sus actores simbólicos que los conduce hacia el derrumbe de los parámetros establecidos por el “resto” de la ciudadanía.

En esencia, se mal piensa que las truculencias y combinaciones de las cúpulas poseen un nivel de blindaje capaz de mantener a sus principales exponentes lejos del juicio y condena porque controlan los mecanismos en capacidad de trasladar a la población todo un vendaval de vagabunderías injustificables.

Una parte importante de los políticos nuestros cometen el desliz de creer que sus excesos nunca llegarán al oído público. Y es un grave error. El siglo 21 tiene en la amplitud de las redes sociales y los reclamos de transparencia la principal espada contra las fechorías. Por eso, se reducen cada día los ámbitos de protección y silencio alrededor de negocios, inversiones y patrimonios asombrosos de los hombres y mujeres que hacen del activismo partidario su fuente de acumulación.

La visión retorcida del ejercicio público en procura de ventajas financieras tomó cuerpo en la medida que las ideas y debates sustanciosos fueron sustituidos por la capacidad de “inversión” de gente que llegó a los partidos a suplir sus agujeros existenciales pretendiendo que el cargo y/o victoria comicial llenara taras generadas en el marco de su desarrollo personal. Peor aún, se generó la sensación de que el dinero lo podía todo.

Así comenzó el desastre!
Salvo reconocidas excepciones, el congreso, los ayuntamientos, los partidos, medios de comunicación están llenos de ciudadanos confundidos al creer que alcanzar ésos espacios de poder los hace “referentes” en la sociedad. Lo grave es que el mecanismo que los mantiene con niveles de visibilidad se construye por vías donde el factor financiero representa el verdadero trampolín para alcanzar sus metas.

Aunque resulte cuesta arriba creerlo, ya no es posible mantener en el largo tiempo niveles de respetabilidad ciudadana edificados alrededor de mentiras y diseñando modelos conductuales falsos y sin contenido. De reverso, el intento de obstruir nuevos espacios de adecentamiento porque los “beneficiarios” apuestan a extender el régimen de valores invertidos que los hace “exitosos y admirables” para un segmento poblacional.

Cuando un dirigente político salta a las primeras páginas asociado al desarrollo de actividades comerciales debe tratar de que su participación nunca deforme su rumbo. Ahora bien, si es reiterado el hábito, estaríamos ante la presencia de uno de los tantos referentes del uso indecoroso de la plataforma pública en la búsqueda de metas divorciadas del auténtico interés de todo servidor comprometido con la transformación de la sociedad. Ejemplos sobran.

He sostenido la intención de “un partido pequeño para negocios grande” ante lo inocultable que resulta el uso de símbolos organizacionales como instrumento efectivo en la búsqueda de negocios aberrantes.

No es coincidencia que el escándalo de vender 910 mil 54 metros cuadrados vía Corde a la empresa INFEPA para después caer en manos de Titulatec que es regenteada por José de Pool, jefe financiero del Ministerio de Relaciones Exteriores, está desvinculada del tinglado politiquero.

Lo de Los Tres Brazos no es un hecho aislado. Por el contrario, esa aberración retrata un modelo conductual puesto de manifiesto en piruetas económicas como Bahía de las Águilas, préstamo de 15 millones de dólares en Banco de Reservas, venta del edificio de Aduanas, el negocio del hotel Hispaniola, una parcela borrada de un área protegida en Samaná, el teatro Agua y Luz y Playa Palmillas.

Dejar respuesta