Peña Gómez, a 18 años de su muerte

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Consideran alianza PRD-PLD reivindica su figura

Por Víctor Gómez Casanova
victor@victor.do
Un día como hoy, hace 18 años, el 10 de mayo de 1998, era un domingo agitado, con las presiones propias de una campaña electoral que llegaba a su fin, para la celebración de unas elecciones congresuales y municipales que por primera vez en nuestra historia democrática, se celebrarían separadas de las presidenciales, gracias a la reforma constitucional que prácticamente impuso el Dr. José Francisco Peña Gómez como fórmula para resolver la crisis post electoral de 1994, y a escasos seis días de abrirse los colegios electorales bajo la modalidad de separar, además, el horario de votación de las mujeres con el de los hombres y estrenando la nueva ley electoral 275-97 aprobada en el Congreso Nacional en diciembre de 1997.

Peña Gómez Síndico

Bajo el eslogan de lo mejor para la capital, Peña Gómez era el candidato a Síndico del PRD en la capital, que entonces incluía el territorio de lo que hoy conocemos como Provincia de Santo Domingo y era la misma posición ocupada por él entre 1982 y 1986. La coyuntura de su candidatura se había originado en el conflicto del tranque causado a raíz de la convención que para tales fines se produjo, llevando como pre candidatos a Miguel Vargas, Julio Maríñez y Eligio Jáquez, apoyados por los liderazgos emergentes -en ese momento- de los compañeros Hatuey de Camps, Rafael -Fello- Suberví e Hipólito Mejía respectivamente, que querían dar demostraciones de fortaleza, apoyando a sus respectivos pupilos, lo que algunos consideraron como un ejercicio de ir heredando el liderazgo de Peña, colocando uno de los suyos en una posición tan clave como la sindicatura de la capital, de cara a las elecciones presidenciales del 2000. Sin embargo, al igual que como ocurrió en la crisis de 1982 entre Tonty Rutinel y Winston Arnaud, para la misma posición de Síndico de la Capital, apoyados por las tendencias de Salvador Jorge Blanco y de Jacobo Majluta, Peña Gómez se alzó con la candidatura, autoproclamándose candidato, para “resolver” la crisis, no obstante su estado de salud que presentaba un avanzado cáncer en el estómago.

Baní y las encuestas

Ana María Acevedo era la encargada de hacer las encuestas y Peña Gómez le consultaba a diario sobre el posicionamiento de los candidatos del PRD provincia por provincia y municipio por municipio. Peña confiaba ciegamente en lo que ella le decía, y ella le había advertido que en Baní, Provincia Peravia, y en San Cristóbal, los candidatos del PRD tenían que reforzar sus actividades proselitistas y romper los empates técnicos que arrojaban las encuestas, porque Ana María sostenía la tesis de que llegar al día de la elección con un empate técnico frente a los candidatos del oficialismo, era una derrota anunciada. Por esa razón, Peña Gómez le pidió a Peggy que fuera a San Cristóbal y él reservó el Domingo 10 para ir a una caravana en apoyo a los candidatos del PRD en la provincia Peravia, encabezados por el Senador Vicente Castillo.

Sus últimas horas

Peña Gómez duró prácticamente toda la tarde en Baní, en reuniones, caravanas, y recibiendo muestras de apoyo que quería trasladar en favor de sus candidatos, porque aunque era candidato a síndico de la capital, la dimensión y fortaleza de su liderazgo sobrepasaba la geografía del Distrito Nacional y a él le gustaba estar a cargo personalmente de la campaña del PRD. Llovió bastante en esas horas y aunque estaba débil y se sentía mal, además de que sus médicos le recomendaban que mantuviera reposo y tranquilidad por su estado de salud, Peña Gómez nunca hacía caso a las recomendaciones de sus médicos cuando iban en contra de sus pasiones y responsabilidades políticas. La política era su vida y la política lo llevó a la muerte, a tal punto, que sus últimas horas de vida se las pasó dando instrucciones sobre el desarrollo de la campaña. Era un político 24 horas. Nunca paraba. Pocas personas saben que al día siguiente, el lunes 11 de mayo a las 10 de la mañana, estaba pautada una reunión entre Peña Gómez y el expresidente Joaquín Balaguer, que se convertiría en una rueda de prensa donde el viejo caudillo anunciaría públicamente su apoyo a la candidatura de Peña para la Sindicatura de la capital.

Yo los perdono

“Yo amo a mi pueblo, a mi país. A lo largo de toda mi vida he pagado un precio por eso. He recibido ataques feroces, a veces frontales y a veces con venenos más sutiles, como ahora… Pero yo los perdono, mis adversarios pueden contar conmigo, con mi perdón”. Esas fueron las últimas palabras que Peña Gómez le dirigió al país a través de un spot de televisión que fue transmitido esos últimos días de la campaña electoral de 1998, quizás sin saber que sería su despedida de este mundo que le presentó situaciones de tantas adversidades y amarguras.

Gobierno compartido

Siempre fue un abanderado de la idea de un “Gobierno compartido de unidad nacional”. Era una tesis que sustentaba como parte fundamental de su programa de gobierno y establecía que el poder no podía estar concentrado en un solo hombre ni en un solo partido político. Abogaba por la unidad de la familia dominicana y lo había practicado desde su administración municipal como Síndico de la capital entre 1982 y 1986, cuando llevó al Ayuntamiento a personalidades de prestigio y reconocimiento de diversos sectores y de diferentes simpatías partidarias. Hoy, 18 años después, el presidente del PRD, Ing. Miguel Vargas y el presidente Danilo Medina por el PLD, encabezan una alianza electoral sustentada en esa propuesta de Peña Gómez. No cabe dudas, Peña Gómez era un ser extraordinario. Fue un coloso. Con razón ha sido bautizado por todo su pueblo, con una expresión que don Álvaro Arvelo Hijo popularizó: “El más grande líder de masas de la historia política de la República Dominicana”.

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