Terrenos de Duquesa un negocio bajo la lupa ética

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La comisión que tiene a su cargo la investigación de la venta de los terrenos del Consejo Estatal del Azúcar (CEA), y en particular el área de 875,773 metros cuadrados en que opera el vertedero de Duquesa, debe hilar fino en este asunto para rendir un informe veraz. Se afirma que el precio de venta fue irrisorio, de RD$57 el metro cuadrado.

Y para colmo, se asegura que los terrenos fueron vendidos nada menos que a un socio de la empresa que administra el vertedero, quien luego los vendió a la compañía.

Hasta donde se sabe, hasta principios de este mes y desde seis años atrás no había llegado a la Comisión de Contrato de la Cámara de Diputados ninguna resolución que aprobara la venta de esos terrenos. Por lo tanto, no parece que la venta en cuestión haya sido aprobada, al menos por esa cámara. Una negociación de la envergadura señalada tiene que ser sometida al Congreso.

El patrimonio del Estado ha estado sujeto a operaciones cuestionables, y de ahí que es necesario investigar qué ha pasado con los terrenos en que opera el vertedero de Duquesa. Por una razón de conveniencia, esos terrenos estarían bien en manos de los ayuntamientos que integran la Mancomunidad del Gran Santo Domingo, para los fines de dar destino a los desperdicios sólidos de esas demarcaciones. La comisión investigadora tiene la palabra.

El lastre de los ayuntamientos

Las dificultades de los ayuntamientos no proceden únicamente del exterior y del trato que reciben del Poder Ejecutivo. Muchos de sus problemas tienen que ver con asuntos internos, como es la forma desconsiderada en que proceden los regidores para aprobar aumentos caprichosos de sus propios sueldos, práctica que tratan de ajustar a la ley arrastrando a los síndicos a aceptar reajuste salarial. En el final del pasado ejercicio municipal fueron escandalosas las alzas salariales que se adjudicaron los regidores de varios gobiernos municipales.

Además, pese a que tienen recursos muy limitados, la mayoría de los ayuntamientos tienen gastos insostenibles, nóminas abultadas gracias al clientelismo político, y no faltan actos reñidos con la ética en el m

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